La revista SOLOFURGO publica un reportaje sobre nosotros en su número de Marzo

Fecha: 13-04-2010

Una pequeña Westfalia

En menos de 10 años, la compañía viguesa Camperoad se ha convertido en uno de los principales especialistas en adaptar furgonetas para el ocio. El nivel de calidad e innovación permite equiparar sus vehículos a los de gigantes del sector como Westfalia.

La primera furgoneta transformada por Camperoad en 2003 fue una Volkswagen T4. Hace unos meses, ese mismo vehículo volvió al taller de la empresa para una reparación, sólo que el taller ahora es una nave industrial y Camperoad ya no es un grupo de aficionados a las furgonetas, sino un pequeño carrocero de vehículos de ocio. Sus responsables aseguran que aún son muy pequeños, y no es falsa modestia, producen no más de 40 vehículos al año. Su prestigio, sin embargo, ha corrido de boca en boca y por Internet como la pólvora. Tecleen el nombre de la empresa en cualquier buscador y descubrirán foros de aficionados preguntándose quién fabrica esos muebles curvados y los techos elevables, dos marcas de identidad de la casa. Los referentes de Camperoad son los mismos de cualquier aficionado a las furgonetas camper: el Volkswagen California y el Mercedes James Cook, que podrían considerarse el padre y la madre del campismo. Dicho de otro modo, la empresa viguesa aspira a convertirse en la versión española de Westfalia, el creador del California y el James Cook y, seguramente, el principal especialista europeo en la transformación de vehículos de ocio. Su objetivo, según explica el director de la empresa, Enrique Dasilva, “es ofrecer a los aficionados una alternativa a estas camper desarrolladas por los grandes fabricantes y, en algunos casos, mejorar su prestaciones, porque equipamos la furgoneta a medida del cliente”. De hecho, Dasilva comenzó importando a nuestro país vehículos camper de ocasión provenientes del mercado alemán, pero las homologaciones eran tan complicadas, que decidió buscarse un buen equipo de mecánicos y carpinteros y desarrollar sus propias preparaciones.

 

 
PLENA SATISFACCIÓN. En función del diseño que se lleve a cabo en el interior de la furgo, la factura puede oscilar entre los 12.000 y los 35.000 euros   EXPERTOS. La elaboración de moldes requiere estudios de ingeniería. Para ello cuentan con la colaboración de la
Universidad de Vigo.

 

 
ESPECIALISTAS. Actualmente, esta compañía viguesa está produciendo unas cuarenta unidades al año, pero su fama está corriendo como la polvora, sobre todo por Internet.   BAJO CONTROL. Esta empresa gallega dispone de su propio equipo de carpinterios y mecánicos para hacer las preparaciones.

 

Isotermo de lujo
En la actualidad, la mayor parte de los vehículos transformados en el taller de Camperoad llegan directamente del concesionario, aunque también atienden el encargo de usuarios que deciden dar un retiro dorado a su furgón de trabajo equipándolo con todo lo necesario para hacer vida a bordo. El cos

te de una preparación puede ir de 12.000 a 35.000 euros, en función del diseño y las exigencias del cliente. El tiempo medio de la transformación también depende de lo complicados que sean sus sueños: “Un modelo estándar puede llevarnos un mes de trabajo –explica Dasilva–, pero si desarrollamos todo el mobiliario a gusto del cliente, podemos trabajar tres meses hasta que conseguimos la homologación. Es poco tiempo si lo comparamos con los siete u ocho meses que empleamos en las primeras furgonetas que preparamos”. Claro que sus preparaciones no se limitan a instalar un mobiliario sobre la carrocería del furgón. Los mecánicos de Camperoad desnudan completamente el vehículo hasta dejar el esqueleto de chapa, hacen las instalaciones de gas y electricidad, forran la carrocería con fibra de vidrio para conseguir el mismo revestimiento aislante que un furgón isotermo y después instalan los depósitos y el mobiliario. La mayoría de los clientes optan por acoplar un techo rígido o elevable que permita ampliar las dimensiones del habitáculo, lo que obliga a cortar el techo y remodelar la estructura del vehículo. Acometer este tipo de transformaciones no está al alcance de cualquiera, lo primero que se necesita es reunir a un grupo profesional adecuado: “Por nuestro taller han pasado más de 20 carpinteros hasta dar con los mejores profesionales –recuerda el director de la compañía–. En una furgoneta, un error de dos centímetros te puede estropear el vehículo, y somos muy exigentes, no fabricamos nada que nosotros no instalaríamos en nuestra camper. Por otro lado, no basta sólo con ser un buen profesional, hace falta que el ingeniero o el carpintero tengan la habilidad de visualizar lo que quiere el usuario”.

POCO A POCO. Camperoad se ha convertido en un pequeño carrocero de vehículos de ocio.

 

 
USUARIOS. La mayor parte de los vehículos que quedan transformados vienen directamente del concesionario, aunque también hacen trabajos sin ese intermediario  

ORGANIZADO. Lavabo, cocina, comedor, dormitorio, todos los espacios quedan dibujados en el interior de nuestra furgoneta. Ahora sólo queda coger carretera y disfrutar de bellos parajes en compañía de los nuestros.

 

ATRACTIVO. Su afán por innovar está claro. Con cada cliente, un nuevo reto se pone sobre la mesa.

Moldes a medida
El problema, o la virtud, del equipo de Camperoad es que no sólo ejecutan, también comparten los sueños de sus clientes. A veces son ellos los que van más allá, los que proponen transformaciones

impensables, y entonces son los ingenieros quienes tienen que cortarles las alas marcando la línea entre lo posible y lo imposible. Para saltarse esa línea, Dasilva y compañía no han tenido problemas en solicitar la participación de ingenieros y fabricar moldes que les permitan remodelar la carrocería: “Un techo elevable como el que acoplamos al Volkswagen T5 está compuesto por 12 piezas de fibra. Cada pieza requiere la elaboración de un molde, de un estudio de ingeniería. Para ello contamos con la colaboración del laboratorio de la Universidad de Vigo, que revisa los proyectos de los ingenieros y certifica la seguridad de las modificaciones, paso imprescindible para conseguir después la homologación del vehículo”. Actualmente, la compañía ha invertido cerca de 70.000 euros en la fabricación de moldes para los componentes, una cifra difícil de amortizar si no se consiguen reutilizar para nuevas transformaciones. Por eso, después de una primera fase de experimentaciones, la intención de los responsables de Camperoad es la estandarización, es decir, conseguir un catálogo de equipaciones básicas que sirvan para la mayoría de los clientes. Eso no quita que cada vehículo acabe siendo especial, dice Dasilva, “las estandarización no limitará nuestro afán por innovar y, en este sentido, cada cliente te plantea un nuevo reto. Ahora estamos trabajando para versionar un James Cook, que se ha dejado de fabricar, porque creemos que sigue habiendo un mercado para este tipo de vehículos”. Éste no es el único proyecto que la compañía se trae entre manos. La joya de la corona es una camper con techo elevable desarrollada a partir de la carrocería del Volkswagen Crafter. Los responsables de la compañía estaban seguros de que iba a ser un producto pionero en el marcado, pero en el pasado Salón de Düsseldorf, el fabricante alemán Hymer presentó en primicia una Crafter Camper calcada a la de Camperoad. ¿Una decepción? “Hombre, da cierta rabia, pero también es un orgullo comprobar que, en cuanto a innovación, estás compitiendo con todo un gigante como Hymer”. La diferencia es que el fabricante alemán tiene todo un departamento de diseño y desarrollo de vehículos dotado con la última tecnología, mientras que en la nave viguesa de Camperoad, Dasilva y su equipo se rompen la cabeza sobre el papel mientras Pichi, el mecánico, hace chirriar la chapa al rebanarle el techo a un Volkswagen.

ARDUA LABOR. Los mecánicos no sólo montan el mobiliario, sino que también efectúan instalaciones de gas, electricidad, forrajes de fibra de vidrio y colocación de depósitos y demás útiles. NO TODO ES POSIBLE. En muchas ocasiones, los clientes proponen transformaciones impensables. Los
ingenieros son los que tienen que marcar la línea de lo posible y lo imposible.
AL MILÍMETRO. Un error de dos centímetros estropea todo el vehículo, por eso desde Camperoad son tan exigentes con todas las instalaciones.

Fuente CampeRoad, S.L.